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jueves, 30 de julio de 2015

Te quiero decir

Cuando sea vieja, vestiré de morado,
con un sombrero rojo que ni haga juego,
ni me quede bien,
y me gastaré el dinero de mi jubilación
en coñac y guantes de verano,
y sandalias de raso.
Y diré que no hay dinero para mantequilla.
Me sentaré en el pavimento
cuando esté cansada
y devoraré muestras de las tiendas
y oprimiré los botones de alarma
y rasparé con mi bastón los barandales de las calles.
Y compensaré la austeridad de mi lejana juventud.
Saldré a caminar bajo la lluvia en zapatillas,
y arrancaré flores de jardines ajenos
y aprenderé a escupir…
Pero, tal vez debiera practicar un poco todo eso desde ahora.
Así la gente que me conoce no se asombrará,
ni se escandalizará al ver que, de pronto,
soy vieja y me empiezo a vestir de morado.

JennyJoseph (USA)

Anónimo

Estoy en un punto de mi vida en el que ya no necesito impresionar a nadie. Soy como soy, sin que me importe lo que los demás piensen de mí.
No necesito disfraces, no necesito engañar ni fingir. Porque puedo ser quien soy en realidad.
No necesito hacer reír o hacer creer que nunca lloro. No necesito ser siempre fuerte, ni ser siempre agradable.
No necesito ser igual que nadie, y sobre todo me acepto tal y como soy. Con mis virtudes, pero también con mis defectos.
Porque puedo no ser perfecta, pero soy siempre yo.

Acepto y amo quien soy, y quien puedo llegar a ser.

Anónimo

martes, 10 de marzo de 2015


Las rendijas de la persiana

la luz movediza de los carros
que auscultan la noche.

Ráfagas que cruzan la pared
como ramalazos súbitos

Pienso en esos acaudalados
que un día desertan de sus negocios
y desaparecen del mapa

en esos buscadores
que un día se internan en la selva
y se quedan allí para siempre

Pienso en Rimbaud renunciando  a la poesía
y viajando a Somalia
para dedicarse al tráfico de armas

Ahora los destellos de luz

se estrellan en mi cogote